Nadie nunca lo sabrá – I Corintios 4:5

El 24 de febrero de 2002, desapareció Laci Peterson con ocho meses de embarazo, de Modesto, California. Los investigadores se enteraron de que su esposo, Scott, estaba involucrado en algunos negocios y catorce días antes de la desaparición de Laci había hecho varias declaraciones incriminatorias a su amante. Los fiscales dedujeron que Scott mató a Laci y arrojó al océano su cuerpo envuelto en cadenas. A mediados de abril de 2003, parte de los cuerpos de Laci y su hijo por nacer llegaron a la costa. Aparentemente, Scott pensó que nadie sabría nada, que no descubrirían los cuerpos y tampoco se conocería de su intento de huir del país. Pero, Scott fue arrestado, sus acciones se hicieron públicas, y fue declarado culpable de asesinar a su familia.

Scott Peterson es, sin duda, un ejemplo extremo de una persona pecadora que piensa que jamás será descubierta. La mayoría de las personas que pecan probablemente piensen que su pecado o sus motivos no serán descubiertos. Pero tal noción simplemente no es realista. Dios siempre sabe exactamente lo que hacemos. Cuando el Rey Asa “… no se apoyó en el Señor …” aprendió que, “los ojos del Señor recorren toda la tierra …” (II Crónicas 16: 7-9). El mensaje es que Dios vio lo que hizo. El Rey David reconoció al Señor “… conoces cuando me siento y cuando me levanto, desde lejos entiendes mi pensamiento… pues aún no está la palabra en mi lengua, y tú, oh Señor, ya la sabes toda …” (Salmo 139: 1-10). Salomón aprendió “… Dios traerá a juicio toda acción junto con todo lo escondido, sea bueno o sea malo” (Eclesiastés 12:14). Dios no solo conoce nuestros pecados, el pecado de los creyentes se revelará cuando se les juzgue en la eternidad. Pablo escribió que cuando Cristo venga por nosotros, Él “… sacará a la luz las cosas ocultas de las tinieblas, y hará evidentes las intenciones de los corazones…” (I Corintios 4: 5). Pablo está dando a entender que los pecados de los creyentes serán públicos en el Asiento de Bema cuando escribió: “Los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes de comparecer en juicio; pero a otros los alcanza después” (I Timoteo 5:24, comparar con II Corintios 5: 8-11 y Lucas 12: 2-3).

Es muy aleccionador pensar que cuando estemos ante el Salvador para que juzgue nuestra vida después de la salvación, nuestros pecados serán expuestos. Ese es el punto. El Señor nos lo dice para motivarnos a un caminar más puro con él. No te paralices por esta escena futura. Motívate a vivir de manera que seas ampliamente recompensado y altamente elogiado en este momento.


Comience cada día con artículos devocionales breves tomados del libro Daily Transformation del pastor John Fredericksen. Como escribe el pastor Fredericksen en la introducción: "Le damos la bienvenida, mientras viaja con nosotros..., no sólo para aprender información, sino también para beneficiarse de ejemplos de fe y fracaso, y tratar de aplicar la Palabra de Dios a la vida diaria. Juntos , pasemos de estudiar únicamente teorías de doctrina a aplicar las verdades de Dios de manera práctica todos los días. Que Dios use estos estudios para ayudarte a encontrar la transformación diaria."

Un espíritu de juicio – I Corintios 4:3-5

Un día, un hermano que rara vez tenía mucho contacto con su hermana la llamó para llamar su atención. Había oído que una hija ya adulta de su hermana tenía facturas médicas que estaba luchando para pagar. “¿Por qué no la ayudas con esas cuentas?” Ella respondió que ella y su esposo la habían ayudado y enumeró una serie de ejemplos. Luego procedió a decirle a su hermana lo hambrientos de dinero que eran ella y su esposo, al tener trabajos de limpieza por la noche, además de sus trabajos habituales. La hermana le explicó que el ingreso de estos trabajos era un fondo universitario designado para sus hijos. Entonces el hermano replicó: “Estás haciendo demasiado por tus hijos…”

Incluso para los cristianos, el hábito de tener un espíritu crítico es un problema frecuente que irrita el espíritu y arruina las relaciones. Por lo tanto, las Escrituras tratan esto extensivamente. En Romanos 14: 4, Pablo les dice a los creyentes en Roma: “¿Quién eres tú que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie o cae”. El punto es que no tenemos derecho a juzgar a otro creyente. Solo el Señor Jesús es nuestro juez. Juan 5:22 confirma: “Porque el Padre … todo el juicio lo dio al Hijo”. Por lo tanto, cuando nos aventuramos en el área de juzgar a los demás, estamos sobrepasando los límites apropiados que el Señor desea. No tenemos ni la calificación ni la información completa suficiente para soportar adecuadamente el juicio de otro creyente. Cuando los creyentes en Corinto se volvieron críticos con el apóstol Pablo, él les dijo: “Para mí es poca cosa el ser juzgado por ustedes o por cualquier tribunal humano; pues ni siquiera yo me juzgo a mí mismo… el que me juzga es el Señor. Así que, no juzguen nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, quien a la vez sacará a la luz las cosas ocultas de las tinieblas y hará evidentes las intenciones de los corazones… “. (I Corintios 4: 3-5). Pablo escribe en otra carta: ” no nos juzguemos más los unos a los otros; más bien, determinen no poner tropiezo u obstáculo al hermano”. (Romanos 14:13). Como diría el refrán, “Esto es muy simple, incluso un niño de quinto grado puede entenderlo”.

Creyente, ¿has permitido una actitud crítica que agrie tu espíritu? ¿A menudo criticas a los demás? Este hábito horrible deshonra al Señor de tal modo que algún día juzgará estas acciones en el Asiento de Bema. Permite que hoy sea un punto de inflexión cuando intencionalmente dejes de juzgar a los demás.


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A Judgmental Spirit – I Corinthians 4:3-5

One day a brother whom seldom had much contact with his sister called her to set her straight.  He’d heard that his sister’s adult daughter had medical bills she was struggling to pay. “Why aren’t you helping her with those bills?” She answered that she and her husband had helped her and listed a number of examples. Then he proceeded to tell his sister what money-hungry people she and her husband were for having cleaning jobs at night in addition to their regular jobs. The sister explained the income from these jobs was a designated college fund for their children. Then the brother retorted, “You’re doing too much for your kids….”

Even for Christians, the habit of a judgmental spirit is a frequent problem that sours one’s spirit and ruins relationships. Therefore, the Scriptures deal with this extensively. In Romans 14:4, Paul tells believers at Rome: “Who art thou that judgest another man’s servant? To his own master he standeth or falleth….” The point was we have no right to judge another believer. The Lord Jesus alone is our judge. John 5:22 confirms: “For the Father…hath committed all judgment unto the Son.” Therefore, when we venture into this area of judging others, we are overstepping proper boundaries intended by the Lord. We have neither the qualification nor enough complete information to stand adequately in judgment of another believer. When believers at Corinth became critical of the Apostle Paul, he told them: “But with me it is a very small thing that I should be judged of you, or of man’s judgment: yea, I judge not mine own self. For I know…He that judgeth me is the Lord. Therefore judge nothing before the time, until the Lord come, Who both will bring to light the hidden things of darkness, and will make manifest the counsels of the heart…” (I Corinthians 4:3-5). Paul writes in another letter: “Let us not therefore judge one another any more: but judge this rather, that no man put a stumblingblock or an occasion to fall in his brother’s way” (Romans 14:13). As the saying goes, “That’s so simple, even a fifth grader can understand it.”

Believer, have you allowed a judgmental attitude to sour your spirit? Are you often critical of others? This horrible habit so dishonors the Lord that He will one day judge these actions at the Bema Seat. Let today be a turning point when you intentionally turn from judging others.


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"We welcome you, as you journey with us..., to not only learn information, but to benefit from examples of faith and failure, and seek to apply God’s Word to every day life. Together, let’s transition from only studying theories of doctrine, to applying God’s truths in a practical way every day. May God use these studies to help you find daily transformation."


No tomes Kool-Aid – I Corintios 3:3-8

El 18 de noviembre de 1978, Jim Jones, el líder de un culto y más de 900 de sus seguidores se suicidaron en masa en las selvas de Guyana. Jones era un líder carismático que atraía a la gente con la promesa de construir una comunidad tipo utopía, donde todos fueran iguales. Una vez dentro del grupo, se exigió lealtad completa. Según la investigación del gobierno de los EE. UU., Jones convenció a sus seguidores de que tomaran Kool-Aid con cianuro. Muchos estaban tan cautivados con Jones que creyeron todo lo que les dijo e hicieron lo que les dijo. Los resultados fueron devastadores.

Si bien el ejemplo de Jim Jones es extremo, la verdad es que siempre han existido los “seguidores del hombre”, incluso entre el pueblo de Dios. El apóstol Pablo reprendió a los santos en Corinto diciendo: “… hay celos y contiendas entre ustedes, ¿no es cierto que son carnales y andan como humanos? Porque cuando uno dice: “Yo soy de Pablo”, mientras otro dice: “Yo soy de Apolos”, ¿no son carnales?” (I Corintios 3: 3-4). Aparentemente, estos creyentes, como algunos hoy en día, se habían enamorado de aquellos que les habían ministrado. Ellos defenderían a uno sobre el otro, les darían su lealtad eterna y ensalzarían continuamente sus virtudes. Apolos era “… hombre elocuente y poderoso en las Escrituras …” (Hechos 18:24). Esta capacidad atrajo a un ávido seguidor, que lo defendió como su líder (I Corintios 1:12). El apóstol Pablo fue menos pulido, pero Dios le permitió realizar “… las (milagrosas) señales de un apóstol … prodigios y hechos poderosos” (II Corintios 12:12). En cualquier caso, los creyentes se enfocaban en estos hombres más que en el Señor Jesucristo. Hoy tales lealtades se manifestarían al tratar a sus maestros como a una celebridad, seguirlos por todo el país, tomarse fotos con ellos y citarlos continuamente. Pero este no es el camino de Dios. Pablo les dijo a estos santos que aquellos que plantaron la semilla de la Palabra de Dios en sus vidas no eran “nada” (I Corintios 3: 7). Pablo continuó: “… todo esto… como ejemplo… para que aprendan en nosotros a no pasar más allá de lo que está escrito, y para que no estén inflados de soberbia, favoreciendo al uno contra el otro” (I Corintios 4: 6). Ya que Pablo y Apolos eran hombres verdaderamente piadosos, su deseo era ver a las personas dar su amor, lealtad y entusiasmo al Señor y no a ellos.

Querido creyente, no bebas el Kool-Aid de enamorarte exageradamente de aquellos que ministran por el Señor. Agradece su ministerio, pero mantén tu enfoque en el Señor Jesucristo.


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Don’t Drink the Kool-Aid – I Corinthians 3:3-8

On November 18, 1978, cult leader Jim Jones and more than 900 of his followers committed mass suicide in the jungles of Guyana. Jones was a charismatic leader who drew people in with promises of building a utopia-type community, where everyone would be equal. Once within the group, complete loyalty was demanded. Under investigation by the U.S. government, Jones convinced his followers to drink cyanide-laced Kool-Aid. Many were so enthralled with Jones that they believed whatever he told them and did whatever he said. The results were devastating.

While the example of Jim Jones is extreme, the truth is “man-followers” have always existed, even among God’s people. The Apostle Paul rebuked the saints at Corinth saying, “…there is among you envying, and strife, and divisions, are ye not carnal, and walk as men? For while one saith, I am of Paul; and another, I am of Apollos; are ye not carnal (I Corinthians 3:3-4). Apparently these believers, like some today, had become enamored with those who had ministered to them. They would champion one over the other, give them their undying loyalty, and continually extol their virtues. Apollos was “…an eloquent man, and mighty in the Scriptures…” (Acts 18:24). This capability drew an avid following, which championed him as its leader (I Corinthians 1:12). The Apostle Paul was less polished yet God enabled him to perform “…the (miraculous) signs of an apostle…and wonders, and mighty deeds” (II Corinthians 12:12). In either event, believers were placing their focus on these men rather than upon the Lord Jesus Christ. Today such loyalties would manifest itself in treating their teachers like a celebrity, following them around the country, seeking photo ops with them, and continually quoting them. But none of this is God’s way. Paul told these saints that those who planted the seed of God’s Word in their lives were not “any thing” (I Corinthians 3:7). Paul continued: “…these things, brethren, I have in a figure transferred…that ye might learn in us not to think of men above that which is written, that no one be puffed up for one against another” (I Corinthians 4:6). Since Paul and Apollos were truly godly men, their desire was to see people give their love, loyalty, and enthusiasm to the Lord instead of to them.

Dear believer, don’t drink the Kool-Aid of becoming overly enamored with those who minister for the Lord. Be thankful for their ministry, but keep your focus on the Lord Jesus Christ.


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Algún día será día de pagar – I Corintios 3:8

Mientras nuestros hijos crecían, teníamos un pequeño negocio de limpieza para financiar tenerlos en una escuela cristiana. Nos llevábamos a los niños, incluso si lo único que podían hacer era reunir las papeleras. Un día, las chicas no estaban tan entusiasmadas en participar. Entonces, sin pensarlo bien, les dije: “Si trabajan duro con una buena actitud, cuando se gradúen de la escuela secundaria, mamá y yo les compraremos un automóvil”. Solo lo prometí una vez, pero nunca me dejaron olvidarlo ni permitieron que dejara de cumplir mi promesa.

Nuestro Padre Celestial tiene una promesa fantástica para cada creyente. Refiriéndonos al momento en que pasamos de esta vida a la eternidad, I Corintios 3: 8 dice “… cada uno recibirá su propia recompensa conforme a su propia labor”. Con absoluta certeza, estamos seguros de que el Señor nos recompensará generosamente por nuestro servicio para el Señor Jesucristo después de la salvación. Confirmando esta confianza, el apóstol Pablo nos dice en I Corintios 15:58: “Así que, hermanos míos amados, estén firmes, y constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que su arduo trabajo en el Señor no es en vano”.

También debemos comprender que nuestra recompensa será proporcional a nuestro esfuerzo en el servicio. Como se dijo anteriormente, a todos se les dará “recompensa … según su propia labor” (I Corintios 3: 8). Si elegimos hacer poco o nada para el Señor después de la salvación, esto se verá reflejado en la pequeña recompensa recibida. II Corintios 9: 6 lo dice de esta manera: “… El que siembra escasamente también cosechará escasamente; y el que siembra con generosidad también con generosidad cosechará”. Como el anuario de la escuela secundaria que refleja la participación de uno en las actividades escolares, nuestros registros en la eternidad se corresponderán con nuestro servicio. Eso hace que sea importante para nosotros ocuparnos de actividades que importen una vez que lleguemos a la eternidad. Podemos servir a Cristo invitando o llevando gente a la iglesia, presentando el evangelio, repartiendo tratados, sirviendo en la guardería de la iglesia, enseñando las Escrituras, asistiendo a los ministerios de la juventud, ofreciendo fidelidad, atendiendo a los visitantes, siendo amigables con los recién llegados a la iglesia, y mucho más. El límite para servir a Cristo es solo nuestra imaginación y disposición. Si deseas la recompensa en la eternidad, debes elegir servir constantemente al Señor ahora. Que hoy sea el comienzo de un servicio constante para la causa de Cristo.


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Día de pago algún día

Mientras nuestros hijos crecían, por la provisión misericordiosa de Dios, nuestra familia tenía un pequeño negocio de limpieza para complementar nuestras necesidades financieras. Siempre llevábamos a los niños aunque lo único que pudieran hacer fuera recoger las papeleras. Un día, las chicas estaban menos entusiasmadas con su participación. Entonces, sin pensarlo mucho, les dije: “Si trabajan duro con buena actitud, cuando se gradúen de la escuela secundaria, mamá y yo les compraremos un auto”. Solo lo prometí una vez, pero nunca lo olvidaron, ni me dejaron olvidar, ni me permitieron no cumplir mi promesa.

Nuestro Padre Celestial tiene una promesa fantástica para cada creyente comprado con sangre. Refiriéndose al momento en que nos graduamos de esta vida a la eternidad, 1 Corintios 3:8 dice: “…cada uno recibirá su recompensa según su trabajo”. Con absoluta certeza, estamos seguros de que el Señor nos recompensará generosamente por el servicio realizado para el Señor Jesucristo después de la salvación. Reafirmando esta confianza, el Apóstol Pablo nos dice en 1 Corintios 15:58: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”

Mientras meditamos en esta alentadora promesa, también debemos comprender una verdad clave relacionada. Cualquier recompensa será proporcional a nuestro esfuerzo en el servicio. Como se indicó anteriormente, a cada uno se le dará una recompensa “…según su propio trabajo” (1 Corintios 3:8). Si elegimos hacer poco o nada por el Señor después de la salvación, esto se reflejará en una pequeña recompensa recibida. 2 Corintios 9:6 lo expresa de esta manera: “…el que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.” Así como un anuario de la escuela secundaria refleja la participación de uno en la escuela, o la falta de ella, nuestros registros en la eternidad se corresponderán con nuestro servicio y recompensa. Por eso es importante que nos ocupemos ahora con actividades que serán importantes una vez que lleguemos a la eternidad. Podemos servir a Cristo invitando o transportando personas a la iglesia, presentando el evangelio, repartiendo tratados del evangelio, sirviendo en el cuido de niños de la iglesia, enseñando las Escrituras, ayudando en los ministerios juveniles, dando fielmente, dando seguimiento a los visitantes, entablando amistad con los recién llegados a la iglesia , y mucho más. El límite para servir a Cristo es solo nuestra imaginación y nuestra voluntad.

No estés entre los necios que solo se sirven a sí mismos en esta vida. Elija hacer algo hoy para promover la causa de Cristo. Recuerde, habrá un día de pago algún día.


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Payday Some Day – I Corinthians 3:8

While our children were growing up, our family had a small janitorial business to finance having them in a Christian school. We took the children with us, even if all they were able to do was gather the wastebaskets. One day the girls were less than enthusiastic about their participation. So, without really thinking it through, I told them: “If you work hard with a good attitude, when you graduate high school, mom and I will buy you a car.” I only promised that once, but they never let me forget it nor allowed me not to follow through on my promise.

Our Heavenly Father has a fantastic promise for every blood-bought believer. Referring to the time when we graduate from this life into eternity, I Corinthians 3:8 says “…every man shall receive his own reward according to his own labor.” With absolute certainty, we are assured the Lord will handsomely reward us for service done for the Lord Jesus Christ after salvation. Reconfirming this confidence, the Apostle Paul tells us in I Corinthians 15:58: “Therefore, my beloved brethren, be ye stedfast, unmovable, always abounding in the work of the Lord, forasmuch as ye know that your labor is not in vain in the Lord.”

We should also comprehend our reward will be proportionate to our effort in service. As stated above, everyone will be given “reward …according to his own labor” (I Corinthians 3:8). If we choose to do little or nothing for the Lord after salvation, this will be reflected in little reward received. II Corinthians 9:6 states it this way: “…He which soweth sparingly shall reap also sparingly; and he which soweth bountifully shall reap also bountifully.” As a high school yearbook reflects one’s participation, or lack thereof, in school activities, our records in eternity will correspond with our service and reward. That makes it important for us to busy ourselves now with activities that will matter once we reach eternity. We can serve Christ by inviting or transporting folks to church, presenting the gospel, handing out gospel tracts, serving in the church nursery, teaching the Scriptures, assisting in youth ministries, giving faithfully, doing follow-up on visitors, befriending new comers to church, and much more. The limit on serving Christ is only our imagination and our willingness. If you properly desire reward in eternity, it is imperative that you choose to consistently serve the Lord now. Let today be the start of consistent service for the cause of Christ.


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¿Podrías solo crecer? – I Corintios 3:1-6

Tenemos unos amigos que tienen una sobrina extremadamente inmadura. Sus padres la han mimado tanto que, a sus veinte años, nunca tuvo que levantar su plato, lavar su ropa, levantar un dedo para ayudar en casa, conseguir un trabajo o hacer cualquier otra cosa que no sea jugar videojuegos. En las raras ocasiones en que no se salía con la suya por completo, hacía berrinches para manipular a los adultos a su alrededor. Una vez, le gritó a su tía, cerró de golpe la puerta, se arañó la cara y se cortó el cabello. A lo que su tía y su tío le dijeron: “¿Podrías por favor solo crecer?”

Parece estar arraigado en nuestra naturaleza humana ver fácilmente la inmadurez en los otros, pero no tan fácilmente en nosotros mismos. El apóstol Pablo aborda este problema cuando les dice a los santos en Corinto: “Y yo, hermanos, no pude hablarles como a espirituales, sino como a carnales, como a niñitos en Cristo” (I Corintios 3: 1). Hubo cuatro características que hicieron esta conclusión obvia. Pablo dijo: “Les di a beber leche, y no alimento solido; porque todavía no podían recibirlo, y ni aún ahora pueden”. (I Corintios 3: 2). Así como un bebé no puede digerir alimentos sólidos, los creyentes inmaduros no pueden digerir nada más que los principios básicos de la enseñanza bíblica. Hebreos 5: 11-14 explica por qué esto es así en cualquier dispensación. Un desinterés en la enseñanza bíblica y una falta en el uso de la Palabra de Dios para perfeccionar los “sentidos … para discernir entre el bien y el mal” siempre dará como resultado la inmadurez espiritual. Hasta que se cambie por un interés genuino en la Palabra de Dios, y por tiempo estudiando adecuadamente las Escrituras, ningún creyente realmente crecerá para ser un hijo maduro de Dios. I Corintios 3: 3-6 revela que hay otras tres características que prueban que uno no ha crecido en la adultez espiritual. Pablo los reprende por los “celos” unos de otros, tener “contiendas” evitables con otros creyentes y crear “divisiones” por exaltar inapropiadamente a un maestro sobre el otro.

¿Al mirar hoy en el espejo de la Palabra de Dios, viste tu propio reflejo? Si es así, ¡bien! Ser capaz de reconocer el problema de uno es el primer paso hacia la victoria y la madurez. Hoy, toma al menos una de estas cuatro características y toma medidas positivas y concretas para corregir el problema. Solo si estamos dispuestos a permitir que Dios nos cambie, estamos espiritualmente maduros o estamos creciendo para ese fin.


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Will You Please Just Grow Up? – I Corinthians 3:1-6

We have friends who have a niece who is extremely immature. She has been so babied by her parents that, into her twenties, she never had to fix her own plate at meals, do her laundry, lift a finger to help around the house, get a job, or do anything other than play video games. On the rare occasions she wouldn’t completely get her way, she would throw tantrums to manipulate adults around her. On one instance, she screamed at her aunt, slammed doors, scratched her own face and hacked on her hair. Her aunt and uncle told her: ”Will you please just grow up!”

It seems to be ingrained in our human nature readily to see immaturities in others, but not so easily in ourselves. The Apostle Paul addresses this problem when he tells the saints at Corinth: “And I, brethren, could not speak unto you as unto spiritual, but as unto carnal, even as unto babes in Christ” (I Corinthians 3:1). There were four characteristics that made this conclusion obvious. Paul said, “I have fed you with milk, and not with meat; for hitherto ye were not able to bear it, neither yet now are ye able” (I Corinthians 3:2). Just as an infant cannot digest solid food, immature believers cannot digest anything but the simple basics of biblical teaching. Hebrews 5:11-14 explains why this is so in any dispensation. A disinterest in biblical teaching and a lack in using God’s Word to hone one’s “senses… to discern both good and evil” will always result in spiritual immaturity. Until changed by a genuine interest in God’s Word, and time properly studying Scripture, no believer will truly grow to be a mature child of God. I Corinthians 3:3-6 reveals there are three other characteristics that prove one has not grown to spiritual adulthood. Paul rebukes them for “envying” one another, having avoidable “strife” with other believers, and creating “divisions” because they inappropriately exalted one teacher over another.

As we looked into the mirror of God’s Word today, did you see your own reflection? If so, good! Being able to acknowledge one’s problem is the first step toward victory and maturity. Today, take at least one of these four characteristics and take positive, concrete steps to correct the problem. Only if we are willing to allow God to change us, are we truly spiritually mature or growing to that end.


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No tienes idea – I Corintios 3:3-6

Cuando mi esposa y yo esperábamos nuestro primer hijo, fue un momento emocionante por lo que anticipábamos. Estábamos ansiosos por tener un hijo. Hicimos preparativos en casa, elegimos nombres, compramos ropa y pañales. Solo teníamos que esperar el momento adecuado para que nuestro bebé llegara. Especialmente en los últimos meses, hubo personas que nos dijeron cuánto cambiarían nuestras vidas, que íbamos a tener un amor indescriptible por nuestro hijo y que esta nueva vida se convertiría en nuestro mundo. Una vez en particular, les dijimos: “Lo sabemos”. Entonces, esta pareja cristiana nos miró y dijo: “No tienen idea. Tienen que experimentarlo para entenderlo completamente”.

En I Corintios 2: 9, el Señor nos dice: “… Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han surgido del corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman”. Curiosamente, Isaías 64: 4 dice casi exactamente lo mismo. Solo difiere en que Isaías cierra su versículo refiriéndose a aquellos que “lo esperan”. Ya sea para Israel en su Reino terrenal o para el Cuerpo de Cristo en nuestra futura existencia celestial, lo que Dios ha preparado para nosotros es tan espectacular que Realmente no tengo idea de lo magnífico que será. Pero, tanto Israel como el Cuerpo de Cristo vislumbran su futuro eterno. A Israel se le promete que se convertirá en la luz del mundo (Isaías 60: 1-3), Cristo será su fuente de luz (Isaías 60: 19-20), habrá justicia (Isaías 60:21), no habrá tristeza (Apocalipsis 7:17), y olvidaremos todas las penas pasadas (Isaías 65:17). A nosotros, el Cuerpo de Cristo nos promete nuevos cuerpos celestiales resucitados, libres de todo dolor (I Corintios 15: 35-36, Filipenses 3:21), para estar siempre en la presencia de nuestro maravilloso Salvador (1 Tesalonicenses 4: 17-18). Colosenses 3:4). Y seremos generosamente recompensados ​​por cualquier servicio hecho para Cristo después de la salvación (I Corintios 3: 13-14, Efesios 6: 8).

Incluso con toda esta información sobre la eternidad, realmente no tenemos idea de lo fantástico que será. Tendremos que experimentarlo para poder comprenderlo completamente.  ¿Cómo debería esto afectarnos ahora? Deberíamos regocijarnos en estas riquezas, anhelando estar con Cristo, viviendo en preparación para la eternidad, y recordando que los problemas aquí no importan contrastados con lo que nos espera en el cielo. Hoy, eleva el espíritu de otro creyente con la promesa de lo que Dios está preparando para nosotros.


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You Have No Idea – I Corinthians 3:3-6

When my wife and I were expecting our first child, it was an exciting time of anticipation.  We were so looking forward to having a child of our own. We made preparations in the house, chose names, bought clothes and diapers. We just had to wait until the proper time for our baby to come. Especially in the final months, we had people tell us how much our lives would change, that we were going to have an indescribable love for our child, and that this new life would become our world. One time in particular, we said, “We know.” Then this Christian couple looked at us and said, “You have no idea. You have to experience it to fully understand.”

In I Corinthians 2:9, the Lord tells us: “…Eye hath not seen, nor ear heard, neither have entered into the heart of man, the things which God hath prepared for them that love Him.” Interestingly, Isaiah 64:4 says almost the exact same thing. It differs only that Isaiah closes his verse referring to those that “waiteth for him.” Whether for Israel in her earthly Kingdom hope, or for the Body of Christ in our future heavenly existence, what God has prepared for us is so spectacular that we really have no idea how magnificent it is going to be. But, both Israel and the Body of Christ have a glimpse of their eternal future. Israel is promised she will become the light of the world (Isaiah 60:1-3), Christ will be her light source (Isaiah 60:19-20), she will be righteous (Isaiah 60:21), have no sorrow (Revelation 7:17), and forget all past sorrows (Isaiah 65:17). We, the Body of Christ, are promised new heavenly resurrected bodies free from all pain (I Corinthians 15:35-36; Philippians 3:21), to forever be in the presence of our wonderful Savior (I Thessalonians 4:17-18; Colossians 3:4); and we will be richly rewarded for any service done for Christ after salvation (I Corinthians 3:13- 14; Ephesians 6:8).

Even with all this information about eternity, we really have no idea how fantastic it will be. We will have to experience it to fully comprehend it all. How should this affect us now? We should be rejoicing in these riches, longing to be with Christ, living in preparation for eternity, and remembering that problems here pale in comparison to what awaits us in heaven. Today, lift the spirit of another believer with the promise of what God is preparing for us.


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Start each day with short, devotional articles taken from the book Daily Transformation by Pastor John Fredericksen. As Pastor Fredericksen writes in the introduction:

"We welcome you, as you journey with us..., to not only learn information, but to benefit from examples of faith and failure, and seek to apply God’s Word to every day life. Together, let’s transition from only studying theories of doctrine, to applying God’s truths in a practical way every day. May God use these studies to help you find daily transformation."