Ni siquiera la extrañé

Un domingo, una familia cristiana de cuatro miembros decidió llevar dos autos diferentes a la iglesia. Después de que terminó el servicio, el niño viajó a casa con su mamá, mientras que la niña de ocho años con el papá. El padre y la hija decidieron detenerse en una tienda de muebles para buscar un juego de sala. Después de un rato, el padre subió a su auto y condujo a casa. Después de unos minutos en la casa, la madre preguntó: “¿Dónde está Emily?” Hasta esa pregunta, el padre no se había dado cuenta de que salió de la tienda sin su hija y condujo todo el camino a casa sin ella. A pesar de la soledad en el auto, nunca la extrañó hasta después de llegar a casa. Durante todo el camino de regreso a la tienda, el hermano de diez años, que estaba muy enojado con su padre, no dejaba de preguntarle: “¿Cómo pudiste haber olvidado a mi hermana?”

Es una simple realidad que muchas veces las cosas más importantes de la vida simplemente se olvidan. Durante los años de los muchos reyes de Israel, persistió un patrón de alejamiento del Señor hacia los dioses falsos. Pero eso cambió con un rey. Una vez que el rey Josías ascendió al trono, “hizo lo recto ante los ojos del Señor” (II Reyes 22:2). “Y no hubo rey como él antes de él, que se convirtiera al Señor con todo su corazón, y con toda su alma, y con todas sus fuerzas” (II Reyes 23:25). Josías se convirtió en un reformador espiritual, liberó a la tierra de la adoración falsa, las prácticas pecaminosas y llevó a la nación de regreso a la adoración apropiada y exclusiva de Jehová.

Este avivamiento espiritual comenzó a principios del reinado de Josías y se basó en un incidente principal. Josías instruyó a personas de confianza para que hicieran las reparaciones necesarias en la casa de adoración de Israel, el templo, que había estado descuidado durante muchos años. En el proceso de hacer estas reparaciones, Hilcías el sumo sacerdote hizo un descubrimiento importante. Le informó al rey Josías: “He hallado el libro de la ley en la casa del Señor” (II Reyes 22:8). Sorprendentemente, el pueblo escogido y bendecido de Dios, Israel, había estado sin la Palabra de Dios durante décadas. Había estado ausente en sus tiempos de adoración, en sus hogares, en sus conversaciones, en su lugar de trabajo y en sus vidas, Y NADIE LO EXTRAÑABA.

Una y otra vez en el Antiguo Testamento, el Señor instruyó a Israel a edificar su vida alrededor de las Escrituras. Debían escribir porciones de él en los marcos de sus puertas, leerlo diariamente, enseñarlo diligentemente a sus hijos y convertirlo en un tema de conversación durante el día (Deut. 11: 18-20). ¿Cómo podría ser que el propio pueblo de Dios pudiera estar sin la Palabra de Dios y ni siquiera extrañarla? Sin duda, la respuesta es a través de un creciente descuido de las Escrituras, desinterés por las cosas espirituales y preocupación por las cosas temporales, lo que resulta en una fría insensibilidad hacia el Señor. Es un patrón peligroso y un lugar peligroso para estar.

¿Podríamos nosotros hoy, que conocemos a Cristo como Salvador, llegar a un lugar en el que tengamos poco o nada de la Palabra de Dios en nuestras vidas y nunca perderla? Absolutamente, y sucede todo el tiempo. El mismo patrón que asoló a Israel persiste hoy. Nos distraemos y nos preocupamos fácilmente con las distracciones temporales de este mundo. Descuidar el tiempo en las Escrituras, o no aplicarlo a nuestra vida y conversaciones diarias, puede conducir a un creciente desinterés en las cosas del Señor. Puede ser más fácil ver esto en la vida de otra persona que en la nuestra, pero este peligro es muy real para todos nosotros.

¿Qué debemos hacer cada uno de nosotros para evitar que esto nos suceda? Lo primero es despertar a nuestra necesidad de hacer preeminente a Dios y Su Palabra en nuestras vidas. Así como Israel debía leerlo diariamente, discutirlo constantemente y convertirlo en la parte central de su adoración, así debería ser para nosotros. Este principio es tan necesario hoy como lo fue para Israel. El Apóstol Pablo nos dice que “retengamos la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y en el amor” (II Timoteo 1:13). La Palabra de Dios en nuestras vidas es nuestra línea de vida para una buena salud espiritual, así que “no salgas de casa sin ella” y conviértela en un tema de conversación con familiares y amigos cristianos. Finalmente, no descuide el lugar de adoración donde la Palabra de Dios se traza correctamente y donde se reconocen las doctrinas primarias de la gracia que se encuentran en las cartas del Apóstol Pablo.


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Tristeza piadosa – II Cor. 7:8-11

Cuando Alejandro Ávila fue declarado culpable de secuestrar y asesinar a Samantha Runnion, de cinco años, su madre, Erin habló en su sentencia. En parte, ella le dijo: “No tienes absolutamente ninguna idea de lo atroces que fueron tus crímenes… Pero simplemente no te importa … nuestras vidas se hicieron añicos … deberías arrepentirte … No me arrepiento de que te atraparan; no lamento que tu vida desperdiciada será tomada … pero lamento que hayas tomado una vida, la vida de una niña muy especial “.1

Es una triste realidad que, con demasiada frecuencia, la gente pida perdón por haber sido atrapada, pero no se arrepienta del mal que ha hecho. Los creyentes tampoco son inmunes a esta insensibilidad. Hemos sido testigos de esto personalmente cuando los cristianos cotillean, mienten, destruyen reputaciones, roban, causan divisiones entre iglesias y más. El apóstol Pablo lo vio también en su tiempo. Él advirtió a los santos en Corinto, “… cuando vuelva … yo tenga que llorar por muchos que antes han pecado y no se han arrepentido de los actos de impureza, inmoralidad sexual y libertinaje que han cometido” (II Corintios 12:21). Esta práctica desafiante hacia el pecado continuo debe romper el corazón de Dios. En su lugar, él desea la respuesta del Salmo 51:17, “Los sacrificios de Dios son un espíritu quebrantado. Al corazón contrito y humillado no desprecias tú, oh Dios”. Afortunadamente, así es exactamente como el santo pecador, descrito en I Corintios 5, reaccionó cuando fue reprendido y disciplinado por la iglesia. Él se sentía “… entristecidos hasta el arrepentimiento; pues han sido entristecidos según Dios, para que ningún daño sufrieran de nuestra parte… Porque la tristeza que es según Dios genera arrepentimiento para salvación [liberación de prácticas pecaminosas] de lo que no hay que lamentarse … Pues he aquí, el mismo hecho de que hayan sido entristecidos según Dios, ¡cuánta diligencia ha producido en ustedes! ¡Qué disculpas, qué indignación, qué temor, qué ansiedad, qué celo y qué vindicación! En todo se han mostrado limpios en el asunto” (II Corintios 7: 9-11). Permitió que su corazón se rompiera por su maldad, y buscó corregir su comportamiento genuinamente.

Querido creyente, ¿cómo respondes cuando sabes que has pecado o has perjudicado a alguien más? ¿Lo racionalizas desafiante, lo ignoras, lo disculpas, continúas haciéndolo, o demuestras el tipo de tristeza divina descrita? ¿Sientes pena si te atrapan y sufres consecuencias, o lo sientes porque tu conducta fue incorrecta, hiriente y ofensiva para el Señor? Permitamos que el Señor hable a nuestros corazones acerca de desarrollar un patrón de verdadero dolor piadoso.


Comience cada día con artículos devocionales breves tomados del libro Daily Transformation del pastor John Fredericksen. Como escribe el pastor Fredericksen en la introducción: "Le damos la bienvenida, mientras viaja con nosotros..., no sólo para aprender información, sino también para beneficiarse de ejemplos de fe y fracaso, y tratar de aplicar la Palabra de Dios a la vida diaria. Juntos , pasemos de estudiar únicamente teorías de doctrina a aplicar las verdades de Dios de manera práctica todos los días. Que Dios use estos estudios para ayudarte a encontrar la transformación diaria."

Godly Sorrow – II Corinthians 7:8-11

When Alejandro Avila was convicted of kidnapping and murdering five-year-old Samantha Runnion, her mother, Erin spoke at his sentencing. In part, she told him: “You have absolutely no concept of how heinous, how egregious your crimes are…But you just don’t care…our lives were shattered…And you should be sorry…Not sorry you got caught; not sorry your wasted life will be taken…but sorry that you took a life, the life of a very special little girl.”

It is a sad reality that, far too often, people are sorry for getting caught, but not sorry for the wrong they have done. Believers are not immune to this callousness either. We have personally witnessed this when Christians gossip, lie, destroy reputations, steal, cause church splits, and more. The Apostle Paul saw it in his day too. He warned the saints at Corinth, “…when I come again…I shall bewail many which have sinned already, and not repented of the uncleanness and fornication and lasciviousness which they have committed” (II Corinthians 12:21). This defiant practice of ongoing sin must break the heart of God. Instead, He desires the response of Psalm 51:17, “The sacrifices of God are a broken spirit: a broken and contrite heart, O God, thou wilt not despise.” Thankfully, this is exactly how the sinning saint, described in I Corinthians 5, reacted when rebuked and disciplined by the church. He had “…sorrowed to repentance: for ye were made sorry after a godly manner…For godly sorrow worketh repentance to salvation [deliverance from sinful practices] not to be repented of…what carefulness it wrought in you, yea, what clearing of yourselves…what vehement desire [to do right]…in all things ye have approved yourselves to be clear in this matter (II Corinthians 7:9-11). He allowed his heart to be broken over his wrongdoing, and sought to genuinely correct his behavior.

Dear believer, how do you respond when you know you have sinned or wronged someone else? Do you defiantly rationalize it, ignore it, excuse it, continue in it, or do you demonstrate the kind of godly sorrow described above? Are you only sorry if you get caught and suffer consequences, or are you sorry because your conduct was wrong, hurtful, and offensive to the Lord? May we allow the Lord to speak to our hearts about developing a pattern of true godly sorrow.


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"We welcome you, as you journey with us..., to not only learn information, but to benefit from examples of faith and failure, and seek to apply God’s Word to every day life. Together, let’s transition from only studying theories of doctrine, to applying God’s truths in a practical way every day. May God use these studies to help you find daily transformation."


“Es para morirse” – II Cor. 7:8-9

Tenemos una amiga que parece estar siempre usando la frase: “Es para morirse”. Ella dice cosas como: “¿Has estado en el nuevo restaurante? La comida allí es para morirse” o “¿Has conseguido el nuevo iPhone? Es para morirse”. Este dicho nunca tuvo sentido para mí. Pocas cosas en la vida valen la pena morir, y si mueres por tonterías, nunca más las disfrutarás, ni disfrutarás tampoco nada más. Ciertamente hay algunas cosas por las que vale la pena morir, pero tendría que ser algo mucho más importante que una comida u objeto que no sería pronto recordado de todos modos.


Por trillado que sea el dicho anterior, Pablo dijo algo similar a los santos en Corinto: ustedes “están en nuestro corazón para juntos morir y juntos vivir.” (II Corintios 7: 3b). En realidad, hay cosas y personas por las que vale la pena vivir y morir. Pablo estaba dispuesto a morir por la causa de Cristo. Los perseguidores habían intentado sin éxito silenciarlo cuando predicó a Cristo y una nueva dispensación de gracia disponible para judíos y gentiles por igual. Pero el apóstol Pablo no fue silenciado porque no vivía para sí mismo. Su actitud fue: “Para mí el vivir es Cristo” (Filipenses 1:21). Pablo había aceptado la verdad de que Cristo “murió por todos para que los que viven ya no vivan más para sí sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” (II Corintios 5:15). En otras palabras, valía la pena vivir por el Salvador y estaba haciendo exactamente eso. Pero, también pensó que valía la pena morir por el ministerio con otros santos, como los de Corinto. Les dijo a los santos en II Corintios 7: 3, “están en nuestro corazón para juntos morir y juntos vivir”. En otras palabras, estaba dispuesto a morir por su beneficio espiritual. Por eso les dijo a los santos en Filipos lo mismo: si me ofrecen “el sacrificio y servicio de su fe, me gozo y me regocijo con todos ustedes.” (Filipenses 2:17). También aceptó la posibilidad de morir por Cristo y por los que ministraba al verlo como “ganancia” o “muchísimo mejor” (Filipenses 1: 21-23). Volver a casa con su Salvador sería solo una reunión alegre.

¿Has venido espiritualmente al lugar en el que estás dispuesto a vivir verdaderamente para Cristo, o incluso a morir por Él y por otros creyentes? Hoy es el día en que necesitas empacar mentalmente para este viaje, rendirte a Cristo e informarte para el deber. ÉL es vivir o morir.


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“It’s to Die For” – II Corinthians 7:8-9

We have a friend who seems to always be using the phrase: “It’s to die for.” She says things like: “Have you been to the new restaurant? The food there is to die for.” “Have you gotten the new iPhone? It’s to die for.” This saying never made sense to me. Few things in life are really worth dying for, and if you died for this thing, you would never enjoy it or anything else again. There certainly are some things worth dying for but it would have to be something far more important than a meal or object that would not soon be remembered anyway.

However trite the above saying might be, Paul said something similar to the saints at Corinth: “…ye are in our hearts to die and live with you” (II Corinthians 7:3b). There actually are things and people worth living and dying for. Paul was willing to die for the cause of Christ. Persecutors had tried unsuccessfully to silence him when he preached Christ and a new dispensation of grace available to Jew and Gentile alike. But the Apostle Paul would not be silenced because he did not live for himself. His attitude was, “For me to live is Christ” (Philippians 1:21). Paul had embraced the truth that Christ “died for all that they which live should not henceforth live unto themselves but unto Him which died for them and rose again.” In other words, the Savior was worth living for and he was doing just that. But he also thought ministry to other saints, like those at Corinth, was worth dying for. He told the saints in II Corinthians 7:3, “ye are in our hearts to die… with you.” In other words, he was willing to die for their spiritual benefit. That’s why he told the saints at Philippi the same thing: “if I be offered upon the sacrifice and service of your faith, I joy, and rejoice with you all” (Philippians 2:17). He also accepted the possibility of dying for Christ and those he ministered by seeing it as “gain” or “far better” (Philippians 1:21- 23). Going home to his Savior would only be a joyous reunion.

Have you come to the place spiritually where you are willing to truly live for Christ and others, or even to die for Him and other believers? Today is the day you need to mentally pack for this journey, surrender to Christ, and report for duty. HE is to live or to die for.


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Remain Separate – II Corinthians 6:14-17

My wife and I once visited the world famous San Diego Zoo. It was immense and incredibly diverse. While viewing these animals, it occurred to us that the zoo operates on a biblical principle. When the Lord created the world, He created the animals “after their kind” and told them to “multiply,” and they did so “after their kind” (Genesis 1:20-25). With few exceptions, these animals in the zoo are kept separate from one another to maintain tranquility.

Most of the Apostle Paul’s letters address problems in the lives of the believers to whom he wrote. For instance, the Corinthians needed correction about being divided, reveling in heinous immorality, being unloving, and lacking in giving to the work of the Lord. Paul continued his correction by telling them, “Be not unequally yoked together with unbelievers,” (II Corinthians 6:14). Those who genuinely knew the Lord Jesus Christ as Savior were willingly being joined in marriage with those who did not know Christ. This was a formula for spiritual and marital disaster. Although some animals in zoos may live in somewhat close proximity, those who keep these animals do not indiscriminately put them together. Cats were not meant to live with birds, nor lions with lambs, nor foxes with chickens. It doesn’t take a lot of foresight to realize most of them are completely incompatible, and some would be readily devoured. The same is true regarding believers who join in marriage with unbelievers. The Lord has never intended for these two to live together in the bond of marriage. The two are simply incompatible with different goals, standards, philosophies, and especially with different spiritual responses. Paul explains, “What fellowship hath righteousness with unrighteousness…[or] light with darkness…or he that believeth with an infidel?” (6:14-15). Yet, far too many believers have knowingly ignored Paul’s warning by entering into an unequal spiritual yoke in marriage with an unbeliever. Usually, the result is that the spiritual walk of the Christian is devoured by the non-Christian, or the marriage falls apart because they are not even close to being compatible.

Are you contemplating marriage? You can save yourself a great deal of heartache by not dating anyone, even one time, who is not saved, does not embrace right division, or is not serious minded about living for the Lord. Don’t let your life and spiritual walk be devoured by joining in an unequal yoke. Find joy and compatibility with a fellow believer of like precious faith.


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Giving No Offence – II Corinthians 6:3-7

My wife and I have become friends with one of the la- dies in our neighborhood. She is quite outgoing and gregarious. While she was at the grocery store, she saw a woman whom she concluded was pregnant. She went up to the woman, put her hands on the woman’s stomach literally, then asked, “When is your baby due sister?” In disgust, this lady told our neighbor, “Excuse me. I’m not pregnant!” This neighbor told us, “Talk about putting my foot in my mouth, there was absolutely no way to get out of that situation gracefully.”

In the context of realizing he represented the Lord Jesus Christ, the Apostle Paul gave his testimony about how he sought to live each day. He wrote, “Giving no offence in any thing, that the ministry be not blamed: but in all things approving ourselves as the ministers of God, in much patience…by pureness…by longsuffering, by kindness…by love unfeigned, by the Word of truth, by the power of God…(II Corinthians 6:3-7). Since every believer is an ambassador of Christ, we too should adopt these same goals for how we live before others. If we are to be effective in our spiritual influence, near the top of our list must be to seek to give “no offence in any thing.” Most of us have probably heard someone say, “If that is what being a Christian is like, then I don’t want anything to do with it.” Like Paul, we need to be consciously careful not to offend others. He said, “It is good neither to eat flesh, nor to drink wine, nor any thing whereby thy brother stumbleth, or is offended, or is made weak” (Romans 14:21). Since this is to be our standard in how we conduct ourselves before other believers, our conduct before the lost must rise to an even higher level of carefulness. I Corinthians 10:32-33 confirms this: “Give none offence, neither to the Jews, nor to the Gentiles, nor to the church of God: even as I please all men in all things, not seeking mine own profit, but the profit of many, that they might be saved.”

Right now would be a good time to pause to consider if there is currently anything in your life that could offend others, and push lost souls away from the Lord Jesus. If the Holy Spirit convicts you about anything, through His power, change that conduct immediately.


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Sin Ofender – II Cor. 6:3-7

Mi esposa y yo nos hemos hecho amigos de una de las damas de nuestro vecindario. Ella es bastante extrovertida y sociable. Mientras estaba en la tienda de comestibles, vio a una mujer a la que llegó a la conclusión de que estaba embarazada. Ella se acercó a la mujer, literalmente puso sus manos en el estómago de la mujer, y luego preguntó: “¿Cuánto tiempo tiene de embarazo, hermana?” Con disgusto, la mujer le dijo a nuestra vecina: “Disculpe”. ¡No estoy embarazada! “. Esta vecina nos dijo: “Me sentía totalmente apenada, no había absolutamente ninguna manera de salir de esa situación con gracia “.

En el contexto de darse cuenta de que representaba al Señor Jesucristo, el apóstol Pablo dio su testimonio acerca de cómo trataba de vivir cada día. Él escribió, viví sin “tropiezo en nada, para que nuestro ministerio no sea desacreditado, Más bien, en todo nos presentamos como ministros de Dios: en mucha paciencia … en pureza … en conocimiento, en bondad… en amor no fingido, en palabra de verdad, en el poder de Dios …” (II Corintios 6: 3-7). Como cada creyente es un embajador de Cristo, nosotros también deberíamos adoptar estos mismos objetivos de vida ante los demás. Si vamos a ser efectivos en nuestra influencia espiritual, una de las cosas más importantes que debemos hacer es “no ofender en nada”. La mayoría de nosotros probablemente haya escuchado a alguien decir: “Si eso es ser cristiano, entonces no quiero tener nada que ver con eso “. Al igual que Pablo, tenemos que tener cuidado de no ofender a los demás. Él dijo: “Bueno es no comer carne ni beber vino ni hacer nada en que tropiece tu hermano” (Romanos 14:21). Dado que este es nuestro estándar en la forma en la que nos comportamos frente a otros creyentes, nuestra conducta ante los perdidos debe ser todavía más cuidadosa. I Corintios 10:32-33 confirma esto: “No sean ofensivos ni a judíos, ni a griegos, ni a la iglesia de Dios; así como yo en todo complazco a todos, no buscando mi propio beneficio sino el de muchos, para que sean salvos”.

Este es un buen momento para detenerse a considerar si actualmente hay algo en tu vida que pueda ofender a los demás, y alejar a las almas perdidas del Señor Jesús. Si el Espíritu Santo te convence de algo, a través de su poder, cambia esa conducta inmediatamente.


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What A Waste – II Corinthians 6:1

When singer Whitney Houston died of an overdose, a number of people said, “What a waste.” She had an incredible voice, rare opportunities with such talent, great riches, and a full life. Yet, tragically, she ended her life far to soon. It was such a waste.

Believers sometimes waste the riches of God’s grace after receiving the gift of salvation. How? By not rejoicing in the great riches we have in Christ, not using the opportunities we have to serve the Lord and by choosing selfish pursuits, or a sinful lifestyle, rather than living for the Savior who died for us. Many effectively suppress their spiritual life by a tragically wayward walk far from the will of God. Because this was happening within the church at Corinth, the Apostle Paul writes them saying, “We, then, as workers together with Him, beseech you also that ye receive not the grace of God in vain” (II Corinthians 6:1). There was a way for these believers to not waste the grace of God extended to them. Paul urged the Corinthians to be careful to live in a way they were “giving no offence [to the lost] in any thing, that the ministry be not blamed” (vs. 3). He did not want their testimony to bring reproach on the name of Christ and enable lost souls to use them as an excuse to remain unsaved. Instead, they were to live so purely that “…in all things [we are] approving ourselves as the ministers of God…” (vs. 4a). Just as an ambassador for the United States must represent our country well through good conduct, we who know Christ must do the same. This must be so no matter what our circumstances: “…in afflictions, in necessities, in distresses, in stripes [meaning beatings during persecution], in imprisonments, in tumults, in labours, in watchings, [or] in fastings” (vss. 4b-5). Paul was urging them to draw upon the strength of God’s daily grace and represent God’s grace well. This would mean demonstrating “patience,” “pureness,” “longsuffering,” “kindness,” “love,” “rejoicing,” and service to the Lord (vss. 4-10). If these believers would proclaim “the Word of truth, by the power of God” (vs. 7), the grace of God would be a divine investment that was not wasted, or received “in vain” (vs. 1b).

Don’t let God’s grace be wasted on you by not allowing it to produce the kind of dedicated life to Christ that He desires. Represent your Savior well today by demonstrating the godly qualities listed above.


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Qué Desperdicio – II Cor. 6:1

Cuando la cantante Whitney Houston murió de una sobredosis, varias personas dijeron: “Qué desperdicio”. Tenía una voz increíble, oportunidades excepcionales con tal talento, grandes riquezas y una vida plena. Sin embargo, trágicamente, ella terminó su vida muy pronto. Fue un desperdicio.

Los creyentes a veces desperdician las riquezas de la gracia de Dios después de recibir el regalo de la salvación. ¿Cómo? No regocijándonos en las grandes riquezas que tenemos en Cristo, no usando las oportunidades que tenemos para servir al Señor y eligiendo actividades egoístas, o un estilo de vida pecaminoso, en lugar de vivir para el Salvador que murió por nosotros. Muchos efectivamente suprimen su vida espiritual por un camino trágicamente díscolo lejos de la voluntad de Dios. Debido a que esto estaba sucediendo dentro de la iglesia en Corinto, el apóstol Pablo les escribe diciendo: “nosotros, como colaboradores, les exhortamos también a ustedes a que no reciban en vano la gracia de Dios” (II Corintios 6: 1). Había una manera para que estos creyentes no desperdicien la gracia de Dios extendida a ellos. Pablo instó a los corintios a tener cuidado de vivir de una manera que “No damos a nadie ocasión de tropiezo en nada, para que nuestro ministerio no sea desacreditado” (vs.3). Él no quería que su testimonio trajera reproche sobre el nombre de Cristo y permitiera que las almas perdidas lo usasen como excusa para no ser salvos. En cambio, debían vivir tan puramente que “… en todo nos presentamos como ministros de Dios…” (vs.4a). Así como un embajador de los Estados Unidos debe representar bien a nuestro país a través de una buena conducta, nosotros que conocemos a Cristo debemos hacer lo mismo. Esto debe ser así sin importar nuestras circunstancias: “… en tribulaciones, en necesidades, en angustias, en azotes [es decir, golpes durante la persecución], en cárceles, en tumultos, en duras labores, en desvelos, [o] en ayunos” (vss.4b-5). Pablo los instó a aprovechar la fuerza de la gracia diaria de Dios y representar bien la gracia de Dios. Esto significaría demostrar “pureza”, “conocimiento”, “tolerancia”, “bondad”, “amor no fingido” y servicio al Señor (vss.4-10). Si estos creyentes proclamaran en la “palabra de verdad, en poder de Dios” (vs.7), la gracia de Dios sería una inversión divina que no se desperdiciaría, ni se recibiría “en vano” (vs.1b).

No permitas que la gracia de Dios se desperdicie, en no vivir una vida dedicada a Cristo. Representa bien a tu Salvador demostrando las cualidades divinas enumeradas arriba.


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Whom Do You Live For? – II Corinthians 5:14-15

We have friends who have an autistic son whom they love from the depths of their souls. Once embracing the reality of his handicap, the mother left her lucrative job to stay at home to work with this son. They sought every avenue imaginable to help their son: doctors, therapies, and trips to the state capital to lobby for special education funds. The mother even became her son’s teacher at a public school that offered classes for those with special needs. For all practical purposes, this mother has been living for this son with extraordinary dedication. Her son is her top priority.

The truth is, all of us are living for someone or something. We may be living primarily for a mate, children, work, wealth, status, recognition, or simply to please ourselves. While some of these things are worthy of a measure of dedication, the Lord desires for us to know that there is something for which we should be living with total, unreserved dedication. Using himself as an example, the Apostle Paul said, “For the love of Christ constraineth us, because we thus judge, that if one died for all, then we were all dead [in trespasses and sins]: and that he died for all that they which live should not henceforth live unto themselves, but unto Him which died for them, and rose again” (II Corinthians 5:14-15). Notice, the Savior did not only die that He might save you and me from eternal punishment, nor even that we might live for all eternity in heaven. He also died that we might choose to “live…unto him which died” for us. After salvation, God’s will for each of us is that we live to please Him, serve Him, and further His cause. We are to be utterly sold out to living for this higher calling. The reason why the Apostle Paul had such an impact on so many was because he embraced this calling. That is why he said, “I am crucified with Christ: nevertheless I live; yet not I, but Christ liveth in me; and the life which I now live in the flesh I live by the faith of the Son of God, who loved me, and gave Himself for me” (Galatians 2:20).

What is your top priority or, said another way, who are you living for? Let’s have a family discussion today about this subject and, as a family, put living for Christ at the top of our list of priorities.


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¿Para quién vives? – II Cor. 5:14-15

Tenemos amigos que tienen un hijo autista al que aman desde lo más profundo de sus almas. Una vez que aceptó la realidad de su discapacidad, la madre dejó su lucrativo trabajo para quedarse en casa y trabajar con su hijo. Buscaron todas las avenidas imaginables para ayudar a su hijo: médicos, terapias y viajes a la capital del estado para cabildear en busca de fondos para educación especial. La madre incluso se convirtió en maestra de su hijo en una escuela pública que ofrecía clases para personas con necesidades especiales. Para todos los propósitos prácticos, esta madre ha estado viviendo para este hijo con una dedicación extraordinaria. Su hijo es su principal prioridad.

La verdad es que todos vivimos para alguien o algo así. Es posible que vivamos principalmente para nuestras parejas, hijos, trabajo, riquezas, estatus, reconocimiento o simplemente para complacernos a nosotros mismos. Si bien algunas de estas cosas son dignas de una medida de dedicación, el Señor desea que sepamos que hay algo por lo que debemos vivir con total dedicación sin reservas. Utilizándose a sí mismo como ejemplo, el apóstol Pablo dijo: “Porque el amor de Cristo nos impulsa, considerando esto: que uno murió por todos; por consiguiente, todos murieron [en delitos y pecados]. Y él murió por todos para que los que viven ya no vivan más para sí sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (II Corintios 5: 14-15). Ten en cuenta que el Salvador no solo murió para poder salvarnos del castigo eterno, o para que podamos vivir por toda la eternidad en el cielo. También murió para que pudiéramos elegir “vivir … para él que murió” por nosotros. Después de la salvación, la voluntad de Dios para cada uno de nosotros es que vivamos para complacerlo, servirle y promover su causa. Debemos estar completamente dedicados para vivir en este llamado del Señor. La razón por la cual el apóstol Pablo tuvo tal impacto en tantos fue porque aceptó este llamado. Por eso dijo: “Con Cristo he sido juntamente crucificado; y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios quien me amó y se entregó a sí mismo por mí”(Gálatas 2:20).

¿Cuál es tu principal prioridad o, dicho de otra manera, para quién vives? Tengamos un debate familiar hoy sobre este tema y, como familia, coloquemos vivir para Cristo en la parte superior de nuestra lista de prioridades.


Comience cada día con artículos devocionales breves tomados del libro Daily Transformation del pastor John Fredericksen. Como escribe el pastor Fredericksen en la introducción: "Le damos la bienvenida, mientras viaja con nosotros..., no sólo para aprender información, sino también para beneficiarse de ejemplos de fe y fracaso, y tratar de aplicar la Palabra de Dios a la vida diaria. Juntos , pasemos de estudiar únicamente teorías de doctrina a aplicar las verdades de Dios de manera práctica todos los días. Que Dios use estos estudios para ayudarte a encontrar la transformación diaria."